viernes, 27 de julio de 2007


Entre añoranzas y vacíos me debato en un mar de dudas saladas.

Un mar de algas de tristeza que se adhieren a mi cuerpo

en un abrazo húmedo como mis lágrimas.

Como en tiempos pasados, afloran en mi cabeza

las ideas confusas a borbotones.

Yo mientras, mantengo los ojos cerrados,

para no ver la nada que se cierne sobre mi.

Una nada blanca como las cumbres que me rodean.

Mejor volar si pudiera, lejos de los abismos del dolor

Y acercarme al sol para derretir la escarcha de un largo invierno,

Que una vez más atenaza mi cuerpo y mi alma.

Y al no poder vuelvo a escribir, pues es lo que me queda y me acompaña.

Como siempre ha sido, y siempre será.

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